El objetivo es acabar con el fracaso escolar y el abandono temprano de las aulas. Para ello, la reciente reforma de las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) propone tres cambios claves para esta etapa educativa: la segmentación en itinerarios del cuarto curso de la ESO, la flexibilización y refuerzo de los Programas de Cualificación profesional Inicial (PCPI) y el reconocimiento de competencias para quienes no logren el título de Graduado.
La etapa de Educación Secundaria en nuestro país comprende cuatro cursos cuya finalidad es, además de la adquisición por parte de los estudiantes de los elementos básicos de la cultura, la preparación para su incorporación a estudios posteriores y para su inserción laboral. Con el objetivo de orientar al alumnado en este sentido, el último curso de esta etapa, tal como estableció la Ley Orgánica de Educación (LOE 2006), se configuró con un carácter más flexible que los anteriores, de modo que los estudiantes debían cursar seis asignaturas obligatorias y tres optativas elegidas libremente entre ocho materias.
La nueva normativa modifica la estructura de la parte optativa de 4º de la ESO
La nueva normativa mantiene los contenidos obligatorios del curso, pero modifica la estructura de la parte optativa para profundizar en el carácter orientador de 4º de la ESO. Por una parte, segmenta las materias optativas en tres opciones, cada una de ellas relacionadas con un ámbito del conocimiento y, por otra, introduce tres nuevas asignaturas en el currículo: alimentación, nutrición y salud, ciencias aplicadas a la actividad profesional y orientación profesional e iniciativa emprendedora.


